Diseñar una naranja
Se pregunta Bruno Munari en El arte como oficio (¡prologado por Juan Eduardo Cirlot!) si puede establecerse un paralelo entre los objetos proyectados por el diseñador y los producidos por la naturaleza; razonando sobre algunos objetos de la naturaleza —por ejemplo, una naranja— en el idioma del diseño se pueden descubrir cosas interesantes:
El objeto está formado por una serie de continentes modulados en forma de tajada, dispuestos circularmente en torno a un eje central vertical, al cual cada elemento apoya su lado rectilíneo mientras que todos los lados curvos, vueltos hacia el exterior producen, en el conjunto, una suerte de esfera.
El conjunto de estas tajadas o gajos está envuelto en un embalaje bien caracterizado, tanto desde el punto de vista de la materia como el color: bastante duro en la superficie externa y revestido con un acolchado mórbido interior, de protección entre el exterior y el conjunto de los continentes. Todo el material es de una misma naturaleza en su origen, pero se diferencia oportunamente en cuanto a la función.
Cada continente, a su vez, está formado por una película plástica, suficiente para contener el jugo pero bastante maniobrable en la descomposición de la forma total. Cada gajo se mantiene unido por un adhesivo muy débil. El embalaje, cual hoy se hace, no ha de devolverse al fabricante, sino que se puede tirar.
Cada gajo tiene exactamente la forma de la disposición de los dientes en la boca humana, por lo cual, una vez extraído del embalaje, puede apoyarse entre los dientes y, con una ligera presión, romperlo y extraer su jugo. Los gajos contienen, además del jugo, pequeñas semillas de la misma planta que engendró el fruto: un pequeño homenaje que la producción ofrece al consumidor en el caso de que éste quisiera tener una producción personal de tales objetos. Obsérvese el desinterés económico de semejante idea, y, por el contrario, la ligazón psicológica que se forma entre consumo y producción: nadie, o muy pocos, se pondrán a sembrar naranjas, pero el ofrecimiento de esta concesión, altamente altruista, la idea de poderlo hacer, libera al consumidor del complejo de castración y establece una relación de confianza autónoma recíproca.
La naranja, por esto, en un objeto casi perfecto en el que se encuentra la absoluta coherencia entre forma, función y consumo. También el color es exacto; azul sería enteramente equivocado.
La única concesión decorativa, si así puede decirse, es la búsqueda «matérica» de la superficie del embalaje, tratada como «piel de naranja». Acaso para recordar la pulpa interna de los gajos. A veces, un mínimo de decoración, perfectamente justificado, puede ser admitido.
jueves, 30 de agosto de 2007 | Clasificado en Diseño
9 comentarios
ARP
Recuérdame que cuando vuelva a Santiago (a partir del 31) te mande el poema a la naranja de Peñalosa: te puede gustar.
Chela
Fantástica la descripción de un elemento de la naturaleza la naranja, desde el lenguaje del diseño, por Bruno Munari.
De cualquier manera parece que todas las formas posible de ser representadas en las creaciones artísticas de cualquier tipo, existen previamente en la naturaleza ( en las plantas, en los minerales, en los tejidos de todo tipo: tela de araña, piel,etc. ) Lo que define al arte es la creación original, la elección por una o más de las multiples combinaciones posibles a partir de los hechos, imágenes y formas conocidas, sumando el color, la perspectiva, el volumen, la textura, la luz…
Bueno, que me ha gustado mucho lo que nos dice Bruno Munari. ¿Es todo el libro interesante?
Un abrazo
Amio Cajander
Pues, hoy que me levanté “retranqueiro”, este magnífico texto me ha recordado una actuación que vi de lesluthiers en la que definían el merengue:
“Se baten las claras de huevo a punto de nieve, se lo mezcla con el almíbar, y se lo hornea unos 20 minutos aproximadamente, hasta tener terminado ese pequeño pastel de forma ahovada llamado merengue, que lo vamos a dividir en dos mitades: la mitad inferior, o hemimerengue inferior, la podemos cubrir con un poco de mermelada de fruta, o crema Chantilly, y la mitad superior, o hemimerengue superior, o ut supra hemimerengue, la podemos decorar con una pequeña fruta, por ejemplo una sandía, en la parte de arriba…”
tienes el número completo en
cerillo
Muy bien lo de la semilla, pero la descripción como diseño chirría. Considera naranja a la pulpa y envoltorio o caja de presentación la piel cuando naranja lo es todo. El diseño acostumbra a mirar de fuera para dentro, luego discutirá si es funcional o inútil. Chirría porqué aunque existe seguro diseño de comida industrial luego solo se citan las propiedades no su aspecto y de lo que no se habla no es.
Jaime Lubin
En los setentas me toco la fortuna de ser alumno de Bruno Munari, recibí la lección de la naranja como unregalo preciadisimo que hoy atesoro, me abrio los ojos del alma paradiseñar y despues de cuarenta años de diseño profesional, celebro el centenario del natalicio de Munari con “La lección del jitomate”…soy mexicano y el jitomate tambien…vaya lecciones que da la naturaleza…les pasaré la leccion del jitomate con todo y fotos. Vale
Juanjo
@ARP: ¡Gracias por el poema! No conocía a Peñalosa, sólo había leído referencias en tu blog.
@Chela: el libro es recomendable —aunque tiene algunos puntos de vista que encuentro algo discutibles hoy— y, además, lo tienes disponible en nuestro estupendo sistema de Bibliotecas Municipales :)
@Amio: ¡Gracias por la retranca!
@Cerillo: Pero también el envoltorio de un producto forma parte del producto en sí, ¿no?
@Jaime Lubin: creo que es para sentirse afortunado, la verdad; le agradecería mucho que compartiese esa lección. Un saludo.
Jaime Lubin
la leccion del jitomate la presentare en octubre en la escuela de diseño de la universidad jesuita de guadalajara…es un pequeño librito ilustrado, con un dialogo imaginario entre sus reflexiones y las mias, sobre nuestro maravilloso jitomate…en el mundo del diseño, este es el siglo de Bruno Munari…nació hace cien años….y cuando fui su alumno, la primera clase fue extraordinaria…entramos a un salon con solo dos mesas grandes…después llego Bruno y nos dijo…“en esta escuela no hay sillas y cada quien debe diseñar y construir la suya, tienen un mes para hacerlo o se quedaran de pie todo el año”….asi comenzó mi encuentro con Munari….saludos a todos
arrebatos
Me parece que Munari da una importancia meramente ornamental a la piel de la naranja, cuando es obvio que tiene esa textura para que no resbale en la mano cuando las exprimimos.
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